Crónica de Fidel Fernández de la Ultra Desafío Cantabria 2019

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Os dejamos la crónica de Fidel Fernández, uno de los primeros clasificados de la Ultra de este año

Qué decir del Desafio? Se me ocurren muchos adjetivos, muchas historias y aventuras ligadas a esta carrera, que fue mi primer ultra, hace ya 6 años. Fue posiblemente un punto de inflexión en mi vida. Ese día fui consciente de que las barreras y los límites que yo pensaba que tenía, eran tan solo una excusa fácil para que el “no puedo“sobrevuele todos nuestros intentos a la hora de acometer cualquier reto que te plantees. No era consciente del reto tan grande al que me iba a enfrentar cuando mi amigo y compañero de trabajo, Carlos Díez, me planteó la posibilidad de hacer este reto. Mi bagaje hasta ese momento era una maratón de montaña, el Desafío Somiedo, que logré completar mes y medio antes, y media docena de salidas al monte sin saber muy bien cómo entrenar. Y allí que fuimos. Logramos terminar en casi 19 horas. Destruidos. En mi caso más mental que físicamente. Recuerdo llorar dos días después, en la ducha, recordando las penurias y el sufrimiento que pasé. Fue algo brutal. Pero también recordaba los paisajes tan cambiantes, el amanecer en Lebeña, la gente que conocí en carrera. Y entonces todo ese sufrimiento fue cambiando progresivamente por buenos recuerdos, y por esa necesidad que tenemos por intentar mejorar y superarnos. Y volví a correr la carrera, a veces teniendo que abandonar por lesión (en 2 ocasiones) y otras veces logrando terminar (4 en total). Cada carrera ha sido diferente. Pero de todas ellas me quedo con buenos recuerdos.

Y en esas llegamos a la edición 2019. No pensaba correrla, pues 3 semanas antes tenía uno de los objetivos del año, el Campeonato de Castilla y León de ultradistancia. Pero la llamada del Desafio… al terminar la Ultra de la Montaña Palentina pasé por el fisio para recuperar de una contractura. Una vez obtenido el permiso de Mónica, solo quedaba aguardar a la deseada noche.

Correr el Desafio es correr en casa. Gente conocida, amigos y compañeros te los vas encontrando en carrera o animando, en los diferentes pueblos, preciosos todos ellos, que vamos atravesando camino de Espinama. Los campanos resuenan, los ánimos son el mejor aliciente para continuar.

Siempre he dicho que es la carrera más romántica que conozco. Para los que somos de Cantabria, el hecho de poder unir dos de los mayores valores que tenemos en esta tierra como son el Mar y la Montaña es un gran aliciente para querer participar en esta carrera. Si a eso le sumas correr en todo tipo de terrenos intermedios como son verdes valles, frondosos bosques o preciosos senderos, tienes un coctel imprescindible si te gusta correr largo por montaña.

La estrategia la tenía clara: ir ligero hasta Lebeña pero sin pasarse. Dejando a la gente de cabeza por delante, pero sin perder excesivo tiempo. Sabía que los amigos de Kilómetro Vertical tendrían complicado lograr amarrar los caballos en la salida, pues son de ritmos muy altos. Tendría que jugar mis cartas en los Picos… Me surge una duda: la elección de las zapatillas. Hablo con Gabi de Solorunners y viendo que hasta Lebeña va a haber barro y algo de agua me decanto por las Unika de Lasportiva, por su extraordinario agarre y versatilidad.

Hablo con Eda, la nutricionista de Sport 12, que se ha convertido en imprescindible para los corremontes que queremos tener una buena gestión de la alimentación en carrera. Quiero comer bastante al principio para poder tener reservas al final.

Los Mellis me habían hecho un resumen de los favoritos una vez se publicó la lista de inscritos. 8 o 10 gallos: 3 vascos, 3 asturianos, 4 o 5 cántabros… Muy a tener en cuenta todos ellos, con experiencia en este tipo de carreras y con pódiums en todo el territorio nacional. Mis expectativas se rebajaron drásticamente. Pensé que un top 10 sería un gran resultado, y un  top 5 difícil, muy difícil.

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Con esa idea me encaminé a la salida. Una noche fresca para correr, encapotada que no  dejaba ver la media luna. Gobitu nos pone a 100 con sus palabras antes de la salida, a él también le espera una larga jornada.

La salida siempre es rápida, pues los vítores y ánimos de la gente impiden que el personal salga relajado. En 10 minutos pasas de los gritos y del jaleo a la oscuridad de la noche. Ahí uno empieza a ser consciente de lo que se le viene encima. Zona corredera , con asfalto primero y camino después, con subidas y bajadas correderas que te dejan en el primer avituallamiento, Gandarilla, que está a rebosar de gente que espera nuestro paso. Saludo a Monica y a Maria, que van a seguirme toda la noche y dormirán en el coche en Fuente De. Pobres, cuanto les tengo que agradecer…

Voy bien, cómodo, a mi ritmo. Me gusta correr solo de noche, y así voy, sin juntarme a nadie, pensando en respirar bien, zancada corta, cuerpo erguido y ligeramente inclinado hacia adelante. Comer cuando toca, beber mucho. Al poco de salir llego hasta uno de los compañeros de la Braña que corre el Medio Desafio, Felipe. Voy tras él un tramo. Le veo ligero y con fuerza. Llegamos al primer avituallamiento, en Gandarilla. Mucha gente jaleando, como todos los años.

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 Pasamos por Bielva, siempre con una veintena de chavales y chavalas jaleando, gritando. Pasadas las resbaladizas escaleras, donde un compañero se pega un buen costalazo sin consecuencias, nos encaminamos para Cades.

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Mucha gente animando en Cades, Gobitu también está participando en la fiesta. Recargo agua, como algo y para Arria que vamos. Antes de abandonar el pueblo, en las últimas casas, están las entrañables señoras mayores en sus sillas, tapadas con mantas, que todos los años nos animan con pasión, y todos los años les dedico un momento de agradecimiento: “¡es la sexta vez que paso por aquí, y la sexta vez que las saludo, gracias por los ánimos, y nos vemos el año que viene!” Me aplauden, ríen y me animan.

Empiezan las subidas largas aunque tendidas, bastante correderas. Ahí conecto con algún corredor. Uno de ellos reconoce mi camiseta y me pregunta si soy de La Braña, pues me dice que conoce a Abel , compañero mío. Me dice que él es de Corrales. Automáticamente le pregunto: “¿Eres Ramón? “ Me dice que sí. Le digo que justo dos días antes un amigo mío, Rubén Rina, le había dado un masaje, y me dijo que Ramón, al que yo conocía de oídas por sus numerosos triunfos hace años, estaba muy fino y le había comentado que se encontraba muy fuerte. Ramón me dijo que también me conocía de oídas, y así seguimos un rato charlando. Le intenté describir un poco el recorrido, lo que quedaba por delante. Ví a Ramón con buen ánimo y confiado, quizás en exceso, pues iba dado acelerones, con una zancada muy larga en las subidas.

Antes de la última subida que lleva al collado, en una zona boscosa, muy resbaladiza y con bastante barro llego a Sergio y Javi, mis compañeros de muchas aventuras, que están corriendo la maratón. Qué duros y bravos son!! Cerca de ellos Julian y Ruben, ¡Dos zorros en la noche! Hablo con Julian y me dice que no va bien de piernas. Le noto agobiado, no va como él querría. Me dice que abandona en Cicera. Le digo que tire hasta Lebeña, pero me dice que no, que así mañana aprovecha y entrena en bici. Llego a Rubén Arrollo, que va un poco más adelante. Le noto mejor que a Julián, aunque al poco queda atrás.

Llegamos a la técnica pero preciosa bajada del Collado de Arria, camino de Cicera. Nada más comenzar, dos corredores nos adelantaron, iban muy rápido, de hecho pensé que eran del Medio Desafio y estaban apretando para llegar a meta. Cuál fue mi sorpresa cuando vi a Ramón que se descolgaba de mi e iniciaba un cambio de ritmo para seguirles. Esa fue la última vez que lo ví hasta que llegué a Espinama...Pensé que todo el esfuerzo que estaba haciendo de más le podría penalizar, pero visto lo visto estaba equivocado.

Una vez termino la bajada técnica tomo los senderos y luego la carretera que nos acerca a Cicera, no sin antes recibir los ánimos de la gente, que en una veintena de coches se acerca todos los años hasta ese punto. Me dicen que voy cerca de los primeros, pero de momento poco me importa. Llego a Cicera. Mónica y María no están, pues suelen llegar un poco justas de tiempo y van directas a Lebeña. Paro, recargo agua y como algo. Según llego salen Joshua y Carlos. Se les ve bien, serios pero buena cara. Pregunto quién ha ganado el Medio Desafio. Me dicen que Arobes, era el favorito, seguido por el Melli. Me alegro por su vuelta a los ruedos. Llegan al poco Javi y Sergio, que logran un 5º y 6º puesto. Buena carrera.

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Y salgo directo para la senda del Arceón. Precioso tramo con una subida tendida entre un bonito bosque, una pena pasar de noche, pienso mientras veo al fondo, entre los árboles, 4 o  5 luces de las frontales de la cabeza de carrera. Ahora pasado Cicera sé que todos los que van delante son de la Ultra. Sigo a mi ritmo, pues mi idea es no perder mucho tiempo hasta Lebeña. Al poco dejo de ver las luces y cuando corono antes de comenzar la bajada ya no veo a nadie, ni por delante ni por detrás. Bajo a buen ritmo, primero por pista entre bosque, después por sendero, y llego a Lebeña un poco por debajo del tiempo calculado, en 4:26 h. Me siento, tomo coca cola, unos purés de frutas y medio litro de batido recovery. Como yo no tenía, me dio mi compañero Rubén una toma antes de la salida. No me gusta nada el sabor, pero lo tomo de trago. Mónica me da referencias de los de delante. Están cerca. Me despido, saco los bastones y me lanzo a por la segunda parte de la carrera, no en tiempo, pero sí casi en distancia. Siempre me motiva empezar esa zona, sé lo duro que es lo que tenemos  por delante, pero también se cuan bonitos son los paisajes que nos vamos a encontrar. La noche  se ha tornado cerrada, con mucha humedad y una densa niebla que hace que la poca visión que nos dan las frontales se reduzca más aun. Subo hasta Cabañes por el sendero que va pegado al rio, corriendo cuando hay llano, caminando rápido cuando hay subida. A partir de Cabañes comienza una subida larga, de ladera, que no acaba nunca. Por experiencia se que hasta Ullances se me hace bola, tengo tantas ganas de llegar a las canales de Picos que esta parte se me hace siempre larga, pese a que es bastante entretenida y tiene un poco de todo, senderos, pistas entre bosques, cruce de cauces secos de ríos, pedreros… el estómago empieza a quejarse, noto cómo empiezo a tener molestias, primero en forma de gases, luego me empieza a doler. Después de un rato decido que es mejor para y perder 3 minutos que arrastar mucho tiempo ese malestar. Hago parada en boxes y continúo un poco más aliviado. Durante ese tramo hasta el avituallamiento de Ullances no tengo muchos recuerdos, es como si la noche tan cerrada me hubiese robado los pensamientos. A veces vas tan centrado en avanzar  y en tu mundo, que creo que el cerebro desconecta otras funciones para asimilar todo el esfuerzo. El caso es que llego a Ullances. Mientras recargo agua escucho a unos voluntarios decir algo sobre un chico que ha abandonado. Pregunto quién es. No saben su nombre pero me dicen que es de Castro. Carlos, de Kilómetro Vertical. Me dicen que está en un coche, que ha padecido del estómago. Pienso en ir a saludarle y darle ánimos, pero la verdad que prefiero dejarle tranquilo. Cuando abandonas son momentos duros. Sé que Carlos es un gran corredor y es muy fuerte. Si ha abandonado es porque estará realmente mal y es consciente de todo lo que queda. Yo no estoy para tirar cohetes, y no tengo mucho ánimo para contagiar a nadie, así que prosigo. Unas zonas bastante correderas hacen que entre un poco en calor, aunque llevo con la chaqueta puesta bastante tiempo y no me la quito. A medida que subimos se va notando más frio. Antes de llegar al último avituallamiento antes de la entrada en las canales, veo que un corredor se aproxima a mí. Lleva buen ritmo. Es el compañero del Team Obaya , que a la postre quedó por delante mío. Va con buen ritmo. Le saludo, le animo y sigue. Llego al avituallamiento y justo sale el asturiano junto con otro corredor que no conozco. No sé si es vasco. Veo sus luces por delante mío en la primera subida. Empieza a ponerse vertical el asunto.¡¡ Welcome to Picos!! Cambio de tercio. La subida a Santa Olaja es potente, pero bonita. Además es produce este año un bonito efecto, y es que a medida que se va cogiendo altura por las paredes verticales, se aprecia la luz del avituallamiento entre la niebla, al principio se aprecia intensa, a medida que cogemos altura va siendo más tenue, hasta perderse prácticamente entre la niebla. Llego al primer collado y ya he dejado la densa niebla más abajo. Aquí hace mejor tiempo, y hay mucha mejor visibilidad. La primera de la sierra de las 3 subidas superada. Saludo a un chico que me da tiempos de los de delante. Llega una ladera amplia y corredera, con una bajada entre un hayedo impresionante, pero hay que prestar mucho ojo porque la bajada es un poco técnica. Poco a poco llego a la zona del avituallamiento que hay antes de la fuerte subida al Collado de Ontuje, pero este año no está. Entiendo por qué estaba el avituallamiento anterior, que otros años no estaba. Después de la carrera Yeyo, de la organización, me confirmó ese cambio en la ubicación. Este hecho me deja un poco limitado de agua. Tomo un gel y comienzo esta preciosa subida, para mí de las zonas más bonitas de la carrera, es una zona con mucha caliza, grandes piedras, mezclado con senderos herbáceos bastante inclinados. Veo a media subida a un corredor. Veo que va tocado. Se para cada poco, lleva un ritmo pausado. Lo está pasando mal. Llego a él, le animo y le digo si quiere algo, me dice que no. Creo que ya ha pasado situaciones similares, y sabe que esto va a ratos. A veces crees morirte, pero si pasas ese mal rato, puede que una hora después estés corriendo como un loco, sin poder creer que tu cuerpo sea capaz de recuperarse de tal pájarón. Pero sí, es posible.

Le dejo atrás y poco a poco llego al primero de los dos collados. Empieza a amanecer, y las primeras luces nos descubren el que para mí ha sido el amanecer más bonito que he presenciado en mi vida. Luces naranjas comienzan a iluminar el día, un mar de nubes a mis pies se extiende por todo el Valle de Liebana, y solo las cumbres de Peña Sagra emergen como preciosas islas entre el mar de nubes. Hacia el Sur, mi querida Montaña Palentina. Se aprecian perfectamente el Curavacas, el “Espi”, Peña Sagra… qué bonitas e impresionantes moles. Pienso que hace justo 3 semanas estaba allí corriendo por ellas, disfrutándolas y sufriendo sus cumbres de más de 2400 metros. Me emociono por el instante tan mágico. ¡Qué suerte tengo de poder contemplar la grandiosidad de la Naturaleza en todo su esplendor, sintiéndome tan insignificante ante estas montañas! Estos momentos son los que creo que buscamos los que amamos las montañas, una especie de conexión, que te hace recargar energías, te inspira, te conmueve. De repente el cansancio es menos cansancio, los dolores duelen menos y eres consciente de que estás vivo, respiras y disfrutas de todas las sensaciones, tanto las buenas como las malas, porque todas ellas te hacen sentir.

Continúo con lágrimas en los ojos hasta el segundo collado. Allí hay 3 personas, dos hombres y un niño, a las que envidio en ese momento por estar ahí, sentados y disfrutando del amanecer en todo su esplendor. Les pido por favor, que me saquen una foto, y que me la hagan llegar como sea. Uno de ellos saca el móvil y me dice que se la enviará a Besoy. Perfecto, le digo. El otro hombre me dice: “Me encanta que te encante” Me giro vuelvo a contemplar el mar de nubes, elevo los brazos y grito. Soy muy competitivo, pero hay momentos únicos en los que hay que parar y disfrutar del momento. Y este es uno de ellos.

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Me despido, inicio la técnica bajada que tiene bastante pendiente, resbala y mezcla zonas de roca con zonas de hierba. Me gusta esta bajada, aunque las “patucas” no están para muchos esfuerzos extra, y esta bajada te hace retener mucho. Lo cierto es que durante toda la carrera me he encontrado fuerte en las bajadas, sin traspiés, sin calambres y sin dar punterones a las piedras, que es una de mis aficiones…

Una vez abajo comienza una travesía que cruza la canal de Lechugales e inicia una serie de subidas a tres hombros. Cuando llegas arriba del primer hombro piensas que detrás está Cámara, pero te encuentras con un segundo hombro, y cuando llegas a él aun queda un tercero. Este año han cambiado ligeramente el trazado. Una vez arriba del tercer hombro ya se divisa al fondo el ansiado Collado de Cámara, con el que soñamos todos los participantes pues, una vez superado, sabes que tienes el 90% de la carrera en el bolsillo, y solo una catástrofe puede impedir que no llegues a meta. Aunque todavía a estas alturas queda mucha tela que cortar. Saludo a la gente que está en el Collado y que siempre anima. Me dicen que si aprieto bajando puedo alcanzar al 4º. Y eso pienso hacer. Me tiro camino del refugio de Aliva.

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Recuerdo ver un video del gran Ivan Cucayo bajando por esas praderas, abriendo zancada y dejándose llevar por la inercia, sin retener prácticamente nada, así que me digo que voy a hacer lo mismo. Bajo rápido y llego a la pista de abajo. Inicio la ascensión a Aliva por la pista, que siempre se hace larga, y de la que subo me encuentro con mi compañero Hector. Qué gusto da encontrarse con alguien conocido en esos momentos. Me da ánimos, me acompaña un poco, me comenta que Joshua va a unos 15 minutos por delante.

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Llego a Aliva, me siento, como algo aunque me cuesta. El estomago no se me ha recuperado pero hago lo que puedo. Bebo mucha agua, pues estaba seco. Doy dos mordiscos a un sandwich y marcho. Inicio la subida hasta la Horcadina. No me encuentro mal de  ritmo, aunque a estas alturas cuesta cada paso. Llego como puedo, cruzo la cueva e inicio la larga, muy larga bajada de la cuesta del queso. Lo bueno es que es bastante cómoda de correr. Decido imprimir un poco de ritmo por si alguno de los 4 de delante tenía algún bajón en el tramo final de la carrera, pues nunca se sabe… y llego a la pista. Recargo agua de la fuente tan fresca que hay al margen de la pista y me encamino a Igüedri con la cabeza puesta en la última subida del día, el temido Valdecoro. Tomo un gel de cafeína y para arriba que voy, al principio no me noto mal, pues el inicio no es muy empinado. El problema viene con las primeras rampas potentes, donde veo que estoy vacio, no tengo fuerzas en las piernas. Bufff, qué largo se me va a hacer. Tirando de experiencia voy centrado en las marcas, pensando en llegar solamente hasta la siguiente, y luego hasta la siguiente, y así voy ascendiendo penosamente. Me cruzo con Agosti, que me anima y me dice que estoy a 20 minutos del collado. ¿20 minutos? Nunca 20 minutos se me iban a hacer tan largos .Cuando llevo casi ¾ partes de subida me giro y veo a unos 5 minutos por detrás a un corredor que sube fuerte, seguramente crecido al verme, oliendo mi sangre. A mí se me hace más cuesta arriba si cabe, pues veo que no voy, pero espoleado por mi perseguidor hago un esfuerzo para llegar arriba. Es un alto que parece nunca llega pues donde crees que está el final, aun aguarda otra larga subida de pradera. Llego por fin al collado, sin perder tiempo me tiro para la última bajada potente del día, el Hachero, que me encanta en condiciones normales, pero en este momento no me apetece nada hacer frente a esa bajada. Hace bastante calor, el estomago me está matando y no sé si seré capaz de aguantar hasta meta. Me encuentro con Adrian Santiago. También me lo encontré en la Travesera. Le digo que voy tocado y que el sexto me va pisándolos talones. Me dice que acaba de llegar al collado, y que tengo un margen de unos 5 minutos. En ese momento pienso que tal y como voy necesitaría un margen de 30 minutos para que no me adelante, pero hago lo que puedo y sigo para abajo. Sé que Mónica y María están en el aparcamiento, han dormido allí. Eso me motiva y doy lo que me queda, pero el estómago… no puedo más y tengo que parar en el bosquete que hay antes de llegar a la pradera. Me salgo a un lado y hago de cuerpo, todo lo rápido que puedo para no perder el poco margen que tengo. Sigo, algo aliviado, camino del último control de paso. Escucho silbidos a lo lejos, es mi hermana María. Mónica está en medio de la campa. Voy a parar a saludarla y decirle que estoy muerto, pero casi no me deja decir palabra: “¡Tira tira, que tienes pegado al de detrás!”. Me giro y le veo a unos 2 o 3 minutos. “Me va a coger”, le digo a Mónica. Me anima y tiro para el último tramo, hasta Espinama.

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Tomo un gel y veo que la primera cuesta, que es muy corredera no puedo correrla. Mal vamos. Bastoneo y llego arriba. Comienza una zona de llanos y bajadas tendidas en pista. Parece que las piernas me van mejor en este terreno, así que doy lo poco que me queda para mantener la posición. Qué rabia da tener que acabar una ultra con alguien pisándote los talones y por consiguiente teniendo que apretar al final, sin poder saborear los últimos kilómetros. Pero me encuentro mejor de lo esperado y a falta de 2 o 3 kilómetros me doy cuenta de que voy a poder mantener la posición. Posiblemente mi perseguidor esté pagando el esfuerzo que hizo para llegar a mí. Luego me enteraría que es un bravo lebaniego. Llego a Pido y poco después enfoco la entrada a Espinama. Escucho a Gobitu pronunciar mi nombre. Ya está. Llego a los brazos de Mónica, que es mi verdadera meta Al fin. Qué alegría y satisfacción. Finisher del Desafio por 4º vez. Al igual que todos los compañeros de la Braña, Javi, Rubén, Raul, Lipe, hemos conseguido todos llegar a meta. Otra gran aventura. Otra multitud de recuerdos, emociones y vivencias que se quedan para siempre. Larga vida al Desafio!

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